LITÚRGIA

Grupo de Litúrgia

 Es toda la comunidad, el Cuerpo de Cristo unido a su Cabeza quien celebra. «Las acciones litúrgicas no son acciones privadas, sino celebraciones de la Iglesia, que es «sacramento de unidad», esto es, pueblo santo, congregado y ordenado bajo la dirección de los obispos. Por tanto, pertenecen a todo el Cuerpo de la Iglesia, influyen en él y lo manifiestan, pero afectan a cada miembro de este Cuerpo de manera diferente, según la diversidad de órdenes, funciones y participación actual» (SC 26). Por eso también, «siempre que los ritos, según la naturaleza propia de cada uno, admitan una celebración común, con asistencia y participación activa de los fieles, hay que inculcar que ésta debe ser preferida, en cuanto sea posible, a una celebración individual y casi privada» (SC 27)(Catecismo de la Iglesia Católica, 1140)

Horario de Reunión:MARTES; 19 h – 20 h

 Oigan, pues, dócilmente todos los cristianos la voz del Padre común, que desea ardientemente verlos unidos íntimamente a El, acercándose al altar de Dios, profesando la misma fe, obedeciendo a la misma ley, participando en el mismo sacrificio con un solo entendimiento y una sola voluntad. (Mediator Dei, 15)

Dos son los ámbitos a los cuales se dirige la formación o la educación del hombre: la comunidad y la liturgia. Dice, en efecto, Guardini: «[Formado] está [el hombre] cuando es inserido en una comunidad […] ya que ninguno puede ser formado por sí mismo. El hombre puede ser formado solo en el ámbito de la comunidad» (Guardini, 1988, pp. 32-33). (BYRONE MAURICIO TOMALÁ CALDERÓN, LA FORMACIÓN LITÚRGICA EN EL PENSAMIENTO DE ROMANO GUARDINI, 2017. p. 41)

 

Tal relación natural donde el hombre expresa la plenitud de su humanidad «total» es la liturgia: «La liturgia es el comportamiento religioso de la humanidad regenerada. En ella la Iglesia está ante Dios y así también el individuo en tanto que este está en ella» (Guardini, 1988, p. 64). La formación consiste, por tanto, en una modelación-educación de la persona, su ser total, dirigida a despertar su conciencia de Iglesia,3 cuya tarea se realiza sobre todo en la comunidad litúrgica y la liturgia en particular, es decir, en el acto litúrgico. ( BYRONE MAURICIO TOMALÁ CALDERÓN, p. 42) 

«La santa Madre iglesia desea ardientemente que se lleve a todos los fieles a aquella participación plena, consciente y activa en las celebraciones litúrgicas» (Sacrosanctum Concilium, 14). (BYRONE MAURICIO TOMALÁ CALDERÓN, P. 43). 

 

Lo que actúa en la acción litúrgica, que reza, ofrece y hace no es el «alma», no es la «interioridad», sino el «hombre»: es el «hombre entero» quien ejerce la actividad litúrgica. El alma, sí, ciertamente, pero solo en cuanto ella vivifica el cuerpo. La interioridad, sí, ciertamente, pero solo en cuanto se manifiesta en el cuerpo (BYRONE MAURICIO TOMALÁ CALDERÓN, P. 44).

 

 

 

 

 

 

El pensamiento litúrgico de Guardini está sobre todo en este contexto: el redescubrimiento de la liturgia es el redescubrimiento de la unidad del espíritu y el cuerpo en la entereza del único ser humano, ya que el comportamiento litúrgico es un comportamiento físico-espiritual, liberado de una devoción restringida en lo que es meramente espiritual e interior hacia una oración que constituye la unidad de toda la realidad en la actividad del cuerpo y la comunidad. (BYRONE MAURICIO TOMALÁ CALDERÓN, P. 45).